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“Dólar y precios en el centro de la lucha de poder”

En muchos países, el dólar es una moneda más; pero sin duda alguna en Argentina “el billete verde” tiene suma importancia en el colectivo de la población. Es por eso que en estos tiempos, vale destacar que la cuestión del dólar no es un tema estrictamente económico, sino que tiene un alto componente sicológico, político y cultural, que lo transforma en una herramienta de coacción al servicio de quienes lo acaparan.

Un dato que refleja esta situación, es que Argentina, después de Estados Unidos que emite esta moneda, es el país que más dólares-billete per cápita posee en el mundo. Si bien no se conoce con certeza, se estima que los argentinos tienen en promedio alrededor de U$S2.000 per cápita, mientras que en Brasil (referente para muchos), distintas estimaciones del Banco Central do Brasil ubican este guarismo entre 10 y 20 dólares por habitante.

Esta cuestión tiene su origen en la segunda mitad de la década del ’70, cuando la tenencia de la moneda norteamericana comenzó a ser factor de especulación, que promovido por la política económica implementada por el gobierno de facto, permitió grandes transferencias de riqueza y la conformación de grupo concentrados de poder. Son los grandes grupos económicos los que desde entonces cuentan con la capacidad de generar movimientos especulativos sobre el mercado de cambios, generando corridas contra la moneda que afectan sensiblemente la estabilidad institucional y política del país, independientemente del gobierno de turno, ya que no tienen bandera, ni patria.

Esta breve pero contundente historia ha calado hondo en la cultura del pueblo argentino, que se ha visto perjudicado en reiteradas ocasiones por este fenómeno de poder que siempre benefició a un sector determinado de la sociedad.

Así como sufrieron todos los presidentes desde la recuperación de la democracia, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no fue ajeno a esta situación, y sólo entre los años 2007 y 2011 tuvo que responder a una fuga de más U$S 60.000 millones, que se pudo realizar gracias a la amplia libertad de cambios que caracterizó a la Argentina hasta octubre de 2011. Fue recién a partir de entonces que el gobierno reconoció con sus medidas la necesidad estratégica de defender la divisa entendida como el producto del esfuerzo nacional, implementando un control de cambios tendiente a evitar los efectos políticos y económicos de una corrida.

De allí la aparición del mercado ilegal de dólares como variable “clave”, en el que los grupos de poder, ahora sin libertad de acceso al mercado oficial, utilizaron el “blue” como herramienta de presión generando expectativas devaluatorias, con fuerte incidencia en la expectativas inflacionarias. Fue así que una variable determinada por la especulación se convirtió en referente de la fijación de precios para muchos.

Esta presión devaluatoria se encontró con una autoridad monetaria que en la tercer semana de enero de 2014 consideró que el nuevo valor de equilibrio del dólar estaba en torno a los $8, dejando relativamente conformes a los sectores fuertemente ligados al mercado externo, a costa del impacto del pass-through en el poder adquisitivo de la clase trabajadora y menos pudiente. Por este motivo, se aplicaron conjuntamente una serie de medidas tendientes a mejorar el nivel de ingresos y asistencia social de un sector de la población y de controlar por todos los medios posibles que no se registraran abusos en la remarcación de precios.

Como se observó en las últimas semanas el gobierno ha logrado frenar la corrida especulativa, permitiendo la compra de dólares para ahorro, manteniendo el valor del dólar por debajo de las expectativas pre-devaluatorias y desactivando el mercado paralelo como variable de referencia. Esta política no sólo ha servido para terminar con las expectativas de una nueva devaluación, sino que es importante como una herramienta más en la lucha contra la inflación por especulación.

Superado este embate cambiario, la puja de poder se manifiesta ahora claramente en la promoción y propagación de una espiral inflacionaria que tarde o temprano derive en una nueva depreciación, colocando a este gobierno, o al que venga, en la encrucijada de ajustar el tipo de cambio, afectando los intereses de todos los argentinos. Por ello es tan importante comprender el origen de la inflación, no tan solo desde el punto de vista macroeconómico, sino también desde la formación de precios en cada una de las cadenas de valor, y de la importancia que tiene la participación del pueblo en la comprensión de este fenómeno, como actor clave en la lucha por la distribución del ingreso.

Resulta un hecho trascendente que el pueblo argentino comience a poner en discusión y haga motivo de análisis profundo la cuestión de la formación de precios, pero también la especulación, los abusos y maniobras monopólicas que giran en torno a ello, revisando los criterios monotemáticos que ponen al gobierno como único responsable de la inflación, sea por la emisión monetaria, el déficit fiscal, el aumento del salario de los trabajadores, o meramente la falta de “confianza”. Pueda ser que el pueblo argentino empiece a dudar de los cantos de sirena que proponen recetas ya aplicadas en varias etapas de nuestra historia, y que trajeron hambre, desocupación y marginalidad al pueblo argentino.

Para más información, comuníquese a fundacion@pueblosdelsur.org



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