La lucha agotadora de la semana revolucionaria de mayo de 1810 ha concluido; a partir de entonces, el poder es nuestro. La Revolución de Mayo la hicieron hombres y mujeres como nosotros que supieron imprimir a la realidad la impronta de su cultura, con un empeño que no renegó de su credo ni de la historia de la que ellos fueron herederos. Correspondió a los anhelos profundos de personas ansiosas de tomar partido y gobernarse ellos mismos, y que como reguero de pólvora se extendió a toda la nación Americana. Desde aquel entonces hasta hoy, esta es la lucha de todos los pueblos suramericanos que buscan por siempre su liberación.
Por ellos, la idea de la libertad y de la independencia no será jamás destruida, vivirá en nuestros corazones y será siempre una luz que guíe a nuestra dolorida tierra a liberarse y ser ella misma; morirá y renacerá en las tentativas de aquellos que quieran someternos, en cada batalla perdida, en cada solapada traición, pero se mantendrá viva y audaz en todos nosotros que somos el pueblo de nuestra querida Nación Argentina.