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“Dudas sobre la sostenibilidad del modelo actual”

Nuevo artículo de Fundación Pueblos del Sur presente en los medios de comunicación. Esta vez, en el portal de noticias Redacción Rosario.

Aunque el programa político y económico del actual gobierno nacional no se encuentra explicitado en detalle, se puede apreciar con claridad el rumbo que está tomando gracias a las medidas que, desde la primera hora como presidente, Mauricio Macri tomó sin vacilar.

Los objetivos de política económica cambiaron drásticamente con el nuevo gobierno. Del empleo y el desarrollo del mercado interno, se pasó al control de la inflación, la desregulación y la eficiencia del estado. Cambiar de objetivo de política económica significa asimismo cambiar los costos a pagar, los se están expresando con mayor fuerza sobre el sistema de precios, el desempleo, la pobreza y la regresividad en la distribución del ingreso, entre otros.

La visión que tiene el gobierno respecto al éxito de este modelo no es novedosa; muy por el contrario, es tan vieja como el propio neoliberalismo y cuenta con sobrados antecedentes a nivel nacional e internacional. Para recordar, se trata de que los agentes económicos con mayor dinamismo y eficiencia impulsen un crecimiento económico tal que permita generar un efecto derrame hacia el resto de la comunidad. Desde luego, y tal como lo especifica la teoría económica que sustenta este postulado, que exista la posibilidad de un efecto derrame (o compensatorio) no implica que los perjudicados gocen de tales beneficios. En síntesis, importa que haya acumulación de capital, pero no si contribuye al interés nacional y a la participación digna de todos sus componentes.

Por lo tanto, el modelo actual cuenta con una visión, claros objetivos y también instrumentos ya probados. Cabe preguntarse ahora si su aplicación es factible en la Argentina de hoy y si es sostenible política, económica y socialmente, habida cuenta de los costos que ya registra en su haber.

Aunque la historia de nuestro país bien podría contestar por sí sola esta inquietud, no está demás introducir las complejidades del contexto actual; de hecho, en las elecciones del año pasado, la mayoría de los argentinos optó por creer que sí, aunque esto no es una garantía per se.

El frente externo no acompaña para nada; los principales socios comerciales tienen muy bajas expectativas de comprar a la Argentina más bienes y servicios, y el precio de los productos que el país vende mayoritariamente al resto del mundo tampoco tiene perspectiva de aumentar en el corto y mediano plazo. En consecuencia, no se avizora que el impulso provenga de un saldo favorable de la Balanza Comercial.

Las cuentas públicas plantean otro interrogante. A pesar de que se haya “tiranizado” el déficit fiscal, no se observa una estrategia consistente que permita reducirlo sustancialmente respecto a los niveles que dejó la “pesada herencia”. Con una economía en recesión, la baja en las retenciones, los efectos de la política antiinflacionaria y la reciente ampliación de las políticas sociales y de sustento a la pobreza, el Estado deberá seguir tomando recursos de la economía, pero ahora con un entramado social y productivo más deteriorado y en constante ebullición, lo que genera un círculo vicioso de mayor demanda de gasto social.

Como fue durante la vigencia de la Convertibilidad, el crédito externo se presenta como la ventanilla  salvadora a la que se recurre cuando las fuentes genuinas de generación de divisas se obstruyen o directamente se agotan. El gobierno de Macri ha llevado al extremo la necesidad de arreglar con los denominados “fondos buitre” porque el modelo depende de la obtención de divisas por la vía del endeudamiento externo, sea para cubrir el déficit, financiar la obra pública, respaldar la base monetaria o “volver al mundo”. Sin embargo, gran parte de la nueva deuda no estará disponible para ello, puesto que irá a pagar a los fondos buitre, y a garantizar el requerimiento de divisas para atender la demanda del mercado cambiario (desregulado) y el pago de los intereses de la duda vieja y nueva, lo que presagia el retorno al círculo vicioso de tomar deuda para pagar deuda. Un escenario más gravoso todavía no está descartado: esto es, que la tasa de interés que paga el país por la deuda no baje sustancialmente a pesar del arreglo con los fondos buitres, y que los bonistas que aceptaron algunas de las propuestas de canje en los anteriores procesos de reestructuración de deuda pública argentina, accionen judicialmente y exijan recibir las mismas condiciones que recibieron los fondos buitres.

Las dudas respecto a un modelo conocido por sus recetas y sus fracasos se expone llamativamente con los dichos de los propios funcionarios del gobierno. Por ejemplo, según la vicepresidenta, Gabriela Michetti, no se sabe si la reversión del ciclo recesivo y regresivo en el que se encuentra la economía argentina puede prolongarse “por 2, 3 o 5 años”; para Federico Strurzenegger, el aumento de tasas de interés que impulsa como presidente del Banco Central seguirá “hasta que se advierta inequívocamente que la inflación se encuentra en un sendero descendente”; y el propio presidente habla de la “generación de puestos de trabajo de calidad”, al mismo tiempo que se destruyen empleos calificados de ramas industriales que venían demostrando un claro dinamismo en desarrollo e innovación.

Desde luego, los argumentos económicos no son suficientes para dar sustento a una política que implica una valoración muy particular del otro y del interés nacional. En el proceso actual que vive la Argentina, analizar la sostenibilidad del modelo también implica observar que se está forzando un cambio significativo en la cultura y la identidad popular, originada mucho antes del gobierno kirchnerista y cuya expresión suele eludir, si es necesario, las estructuras tradicionales y poco efectivas de la democracia liberal.

Dudar de la sostenibilidad del modelo impulsado por el actual gobierno no representa en sí una conducta opositora. Muy por el contrario, no hacerlo, es incurrir en la riesgosa imprudencia de prescindir de la historia a la hora de definir el rumbo político, económico y social de la Nación.

También se puede leer el artículo en el sitio web del portal de noticias Redacción Rosario: http://www.redaccionrosario.com/nuevo/2016/04/25/dudas-sobre-la-sostenibilidad-del-modelo-actual/

 



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