Un empleo, una vida
La Fundación Pueblos del Sur publicó un nuevo artículo en el diario El Eslabón, en referencia a los recientes despidos laborales y cómo puede impactar este accionar en la economía.
En la Argentina de hoy, mientras algunos festejan, otros se lamentan. Por una decisión de gobierno, algunos acumulan cuantiosas riquezas, mientras otros se quedan sin trabajo. En tan sólo pocos días ha quedado evidenciado nuevamente que es posible transferir una enorme cantidad de recursos a un sector minoritario y pudiente de la población, en detrimento de otro mayoritario y de menor poder adquisitivo; lo paradójico es que esto sea expuesto como un éxito de la gestión del experimentado gabinete económico de MauricioMacri.
La pérdida de puestos de trabajo, tanto en el sector público como en el privado, es un impacto directo e indirecto de las medidas del nuevo gobierno. Sin embargo, la iniciativa de los despidos provino claramente del estado, y tuvo un efecto inmediato en el sector privado, que día a día va expulsando mano de obra, superando incluso algunas estimaciones sobre el tema. Podría hablarse de un efecto demostrativo ya conocido en la historia económica argentina.
Durante la presidencia de Fernando De la Rua, el gobierno llevó a cabo una reducción de salarios y jubilaciones del 13% que, entre otros propósitos fiscalistas, buscaba inducir al sector privado a que hiciera lo propio con el fin de mejorar la productividad por la vía de la reducción de salarios, en el marco de una reforma laborar que, más allá de los sobornos y los actos de corrupción que involucró, apuntaba a dar fundamento legal a esta cuestión.
En esta oportunidad,el gobierno de Cambiemos está dando señales concretas al sector privado de que pretende incrementar la masa de desocupados en el país; algunos hechos confirmarían esta cuestión: los despidos masivos sin una correcta evaluación previa sobre su utilidad y productividad, el desmantelamiento de programas y organismos públicos, la indicación por parte del Ministerio de Trabajo de la Nación de que las delegaciones descentralizadas no intervengan en conflictos laborales de sus provincias, las declaraciones sugestivas (¿extorsivas?) respecto a la posibilidad de perder empleos ante reclamos salariales, y la declaración del propio presidente deseándoles a los cesanteados “que sean felices” en otro lugar, que, aunque simple y pasajera, refleja una determinada concepción del rol del empleo en una comunidad y de la valoración que se tiene del otro.
Para quienes plantean que el empleo debe ser un objetivo de política económica, estas medidas revisten altamente negativas desde el punto de vista social y económico. Sin embargo, tiene una lógica clara y precisa para quienes prefieren un ambiente propicio para el desarrollo de sus negocios y la necesidad de sostener unstatusdiferencial respecto al común de los argentinos. La destrucción de empleo genera desocupación, y la existencia de una mayor cantidad de personas buscando trabajo, genera una presión a la baja en los salarios nominales que, sumado al conjunto de medidas implementadas desde el inicio de la nueva gestión, aumenta la pérdida de poder adquisitivo del salario real.Todo ello, tiene un efecto directo positivo sobre la productividad y la rentabilidad de las empresas.
Con los fundamentos provistos por la teoría clásica del mercado de trabajo, la visión que se está impartiendo respecto al trabajo es que se trata de un costo más del proceso productivo. Desde esta perspectiva, si los recursos no son suficientes para un determinado presupuesto o si el precio del trabajo (el salario) es mayor al “precio de equilibrio”, simplemente se reduce la demanda de este factor de producción; o sea, se despiden trabajadores. No hay en esta visión ninguna connotación moral, social o política respecto al trabajo y su función inclusiva.
Merece una consideración aparte la cuestión de los denominados “ñoquis”, ya que no hay dudas respecto a que una conducta de este tipo es injusta desde todo punto de vista y denigrante para la propia persona. Pero con un prejuicio generalizado sobre miles de personas a las que ni siquiera se conoce, nose justifica una decisión que afecta vidas, familias y, por lo tanto, a toda la comunidad. El efecto anestésico sobre el odio y el resentimiento que produce una actitud revanchista, es engañoso; nadie se salva en una sociedad que descarta y excluye.
Las medidas aplicadas por Cambiemos no son casuales ni improvisadas, indican una determinada visión sobre altrabajo, lo que en otras palabras implica una valoración sobre las personas y su rol en la vida social. Para una comunidad, no resulta gratuito descartar a cientos de trabajadores por una cuestión de productividad; el trabajo tiene un valor mucho más significativo y trascendente que el monto del salario que lo paga, tanto por el efecto macroeconómico de su existencia, como por la posibilidad de incluir, y deconstruir una comunidad con todos adentro.
También se puede leer el artículo en la página del diario El Eslabón: