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Ecuador, una pieza más de los problemas de fondo de los pueblos del sur

Panorama económico regional

Artículo especial de Esteban Guida  para el diario El Ciudadano.

La escalada de violencia que está sucediendo en la República del Ecuador no es simplemente el resultado del fracaso de las políticas neoliberales impulsadas por el Fondo Monetario Internacional, sino, más grave aún, es un síntoma de la grave enfermedad que afecta a los pueblos de Suramérica desde hace más de 100 años.

De repente, los medios de todo el mundo se hacen eco de los 5 muertos, más de 500 heridos y 1.000 detenidos producto de las protestas callejeras en desacuerdo por “el paquetazo” de medidas económicas aplicado por el presidente Lenín Moreno. Pero una situación como la que se vive en éste y otros países del continente no es tan solo producto de la aplicación de un programa económico. La identificación de los problemas de fondo resulta, en consecuencia, fundamental para abordar su solución, cuestión que importa sobremanera a la Argentina, que nunca se podrá despojar de la suerte de sus pueblos hermanos de América.

En lo inmediato la realidad que se observa en prácticamente todos los países del continente indica que el modelo neoliberal resulta incapaz de garantizar el crecimiento y desarrollo económico sostenido con justicia y equidad. Pobreza estructural, inestabilidad política y económica, revueltas y descontento, desigualdad, default y endeudamiento, son elementos característicos en gran parte de los países que, entrado el siglo XXI, no logran administrar sus recursos materiales en armonía con las expectativas de vida en comunidad.

Algunos medios puntualizan que el estallido social se da producto del aumento en la tarifa de los combustibles. Es cierto que desde la asunción a la presidencia del Lenín Moreno, Ecuador volvió a un esquema económico de corte neoliberal en el que primó la lógica del mercado, el endeudamiento y ajuste fiscal. En este contexto, la reducción de subsidios y el aumento de los combustibles resultante desató la protesta de las personas que vienen padeciendo las consecuencias de un programa económico que nada tenía que ver con las promesas de campaña del actual primer mandatario (parece que Argentina no es el único país en el que hay candidatos a presidente que mienten descaradamente durante la campaña para acceder al gobierno por el voto de las mayorías populares, a las que, una vez en el cargo, traicionan con sus políticas antipopulares, pro-mercado y antinacionales).

La principal fuente de riqueza de Ecuador es la venta de productos primarios. Se destaca el petróleo y sus derivados, además de sus conocidas bananas, el café y el cacao. También cuenta con minerales (principalmente oro), pescado, flores y madera, entre otros productos primarios. Por esta estructura productiva se trata de una economía que depende de la importación de productos manufacturados y energía; de hecho, de su socio más importante, Estados Unidos (le siguen Chile, Japón, Rusia, Alemania y el resto de los países de América del Sur) obtiene energía, insumos industriales y bienes de consumo (carbón, petróleo refinado, aceite y lubricantes, gas de petróleo, bienes de consumo y automóviles).

En este esquema se puede encontrar un conglomerado de grandes empresas vinculadas a los sectores estratégicos, con fuerte influencia en los gobiernos y en articulación con las corporaciones financieras internacionales que, en general, están por detrás de la propiedad de las principales firmas. Por eso, la tradicional exigencia por la desregulación económica y la libertad de mercado apunta a permitir que estos grupos operen sobre los recursos naturales, exporten la producción y fuguen las divisas; es el fenómeno que subyace en las propuestas de las elites dirigentes vinculadas al poder económico financiero internacional, y que pueden acceder democráticamente al poder usufructuando los partidos populares debilitados por la falta de una clara y doctrinaria conducción.

Sumado a esto, desde el año 2000 Ecuador sustituyó la emisión de su propia moneda para utilizar el dólar estadounidense (gravosa trampa de la que difícilmente se pueda salvar). Mientras que el precio del petróleo estuvo lo suficientemente alto, la economía creció fuertemente gracias a los saldos comerciales positivos que generaba el sector externo. Esto le permitió a Ecuador desarrollar una importante y vasta política redistributiva durante la presidencia de Rafael Correa, que claramente benefició a los sectores más postergados del país durante decenas de años.

Pero ningún esquema económico basado en la producción primaria puede garantizar de por vida la redistribución, ni mucho menos un sendero de crecimiento y desarrollo sostenido que permita un creciente nivel de vida y bienestar para el conjunto de los habitantes. Cuando el precio del petróleo bajó y la crisis internacional provocó la caída en el precio de los productos primarios, el modelo ecuatoriano empezó a mostrar sus falencias. El aumento del gasto público ya no tenía como contraposición la generación de riqueza suficiente para continuar la distribución, por lo que el déficit fiscal trepó considerablemente llegando al 7% del PBI. De esta forma, la pobreza en Ecuador supera el 20% de la población, que accede al 4% de la renta nacional y posee menos del 1% de la tierra productiva del país.

A su vez, la falta del instrumental monetario que todos los países tienen y utilizan a su favor, llevó a la necesidad de volcarse al endeudamiento externo, condicionado a la aplicación de medidas económicas que eluden la insolvencia intrínseca de la estructura primaria, apuntando a la necesidad de achicar el Estado (la política social de redistribución del ingreso) para lograr saldos en divisas para pagar la deuda y sostener el flujo de capitales externos.

La situación bien puede ser extrapolada a otros países de Suramérica que, fragmentados política y económicamente de la unidad territorial y cultural que integraban originalmente, resultan fuentes generadoras de riqueza que son exportadas a los centros económicos de poder mundial, resultando inviables como unidades aisladas para garantizar la paz y el bienestar a sus habitantes. Es cierto que el modelo neoliberal y las recetas del FMI agravan la situación y generan a su vez más inestabilidad política y económica, pero las causas de fondo están guardadas en la contradicción que todavía enfrentan los pueblos de Suramérica respecto a su homogeneidad cultural, la definición integrada de su matriz productiva y la unidad política como estrategia de inserción internacional.

Valga esta reflexión para evitar caer en la falsa esperanza de que un cambio presidencial pueda resultar la solución a todos los problemas que aquejan a los pueblos del sur. Sin una toma de conciencia nacional respecto a la necesidad de retomar el desafío de una Patria Grande, continental e integrada, será imposible sortear los desafíos de un mundo que no hace beneficencia y que aprovecha la indefinición de los pueblos para hacer sus propios negocios.
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