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El Astillero Río Santiago es la Patria: trabajo y plan de reactivación hay, falta decisión política

Panorama Económico - Especial para Diario El Ciudadano

Astillero Río Santiago (ARS) fue creado por el presidente Juan Domingo Perón el 22 de mayo de 1948 y fusionado con Fanazul –Fábrica Naval de Explosivos de Azul– el 15 de junio de 1953 para constituir Afne –Astilleros y Fábricas Navales del Estado– y construir la Marina Mercante y de Guerra argentina. Su razón de ser es la fabricación de barcos como brazo logístico del Estado para ejercer soberanía en el comercio exterior argentino a sabiendas de que los Estados Unidos, vencedor de la Segunda Guerra Mundial, pretendía invadir y controlar los mercados internos de nuestra región.

El ARS es una herramienta geopolítica de liberación nacional. Allí los argentinos hemos fabricado los dos buques de guerra con los que recuperamos las Malvinas: el buque de desembarco de tropas BDT Cabo San Antonio –bajo licencia de astilleros Philadelphia, Estados Unidos– y la fragata misilística T42 Santísima Trinidad –con licencia de astilleros Vickers, Inglaterra– encabezando la gesta y brindando cobertura antiaérea y antisubmarina a toda la flota nacional. Sí antes no lo querían, desde 1982 se vuelve el principal blanco a destruir por parte de ingleses y norteamericanos. Por lo tanto, el principal enemigo de Astillero Río Santiago es geopolítico, al cual se suma un nuevo actor, interesado no ya en destruirlo sino en apropiárselo: China.

En segundo lugar, el enemigo de esta herramienta antimperialista es de orden político, en perfecta obediencia a las embajadas de estos tres países recién mencionados. Por orden del presidente Alberto Fernández, Sabino Vaca Narvaja –embajador argentino en China– ha anunciado recientemente una inversión de la automotriz china Chery en nuestro país y particularmente en el ARS. Curiosamente, el representante de Chery en Argentina es Mauricio Macri, quien además es el jefe político del actual gerente general del Astillero, Gonzalo Ibendahl. Las máximas autoridades en la estructura jerárquica de la empresa –ministro de Producción, Augusto Costa, y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof– ¿pueden alegar inocencia o desconocimiento sobre este intento de inversión extranjera en una fábrica que fue defendida por sus trabajadores con uñas y dientes para que siga siendo de propiedad estatal y nacional?

En tercer orden, la destrucción del ARS tiene sus protagonistas dentro de la fábrica. Pedro Wasiejko, apenas asume como presidente, anuncia que convertiría al ARS en sociedad anónima para agilizar los procesos de compra y venta. Pretende hacer creer a los trabajadores que la parálisis productiva se debe a una cuestión burocrática legal, cuando lo que persigue es evadir todo control del Tribunal de Cuentas de la provincia, que desde 2009 viene reclamando rendición sobre un faltante de 23 millones de dólares que nadie pudo justificar. El entonces presidente González Elicabe desvió a la obra del Estadio Único de La Plata, por orden de Ferré-Scioli (entonces ministro de Producción y gobernador provincial respectivamente), el adelanto que Venezuela pagó por los buques Eva Perón y Juana Azurduy, que todavía le debemos a PDVSA. Esa es la herencia que recae sobre las autoridades del ARS que Wasiejko pretende resolver privatizando el astillero.

Asimismo, el gerente general y el gerente de producción, Gonzalo Ibendahl y Omar Graziano, respectivamente, vienen allanando el camino para consumar la entrega desde que el año pasado han presentado un informe técnico –a través de ingenieros de la Universidad Tecnológica Nacional que nunca pisaron la fábrica– donde manifiestan la ineficiencia de la planta. Colaboracionistas gremiales también hay. “Pancho” Banegas –ATE Ensenada– gracias al silencio cómplice de “Cachorro” Godoy –ATE Nación– y el “Colorado” Isasi –ATE provincia de Buenos Aires– fueron corresponsables del vaciamiento de trabajo que también opera sobre el ARS. En agosto de 2020 firmaron la entrega de las Lica –Lanchas de Instrucción de Cadetes– a Tandanor, obras que había contratado el ARS en 2015. Como queda demostrado, la entente que avanza en la destrucción del ARS en un gobierno “nacional y popular” es geopolítica-política-empresaria-gremial.

“Sólo el Pueblo salvará al Pueblo”, sigue siendo un apotegma peronista completamente vigente. Varias organizaciones libres del pueblo se han unido en defensa del ARS y vienen planteando que hay obras paralizadas dentro de la fábrica (el productero Eva Perón en muelle de alistamiento, el Juana Azurduy en grada 1, las Lica en gradas 2 y 3, entre otras reparaciones menores) que no requieren de ningún cambio de personería jurídica para reactivarse, sino de una convocatoria al trabajo. Mientras los astilleros privados –Contessi, SPI– no frenaron nunca su actividad durante la pandemia, el único que cerró sus puertas es el nuestro, Astillero Río Santiago 100% estatal, y para colmo de males, aprovechando el siniestro manto de la pandemia, la “solución” que ofrecen es convertirlo en SA.

Lo primero que deben hacer si realmente están preocupados por la fábrica es derogar los decretos privatizadores y sacarla de la Zona Franca que la convierte en extranjera en su propia tierra. A su vez, deben abrir la fábrica con un protocolo sanitario y reactivar las obras paralizadas, priorizando las del Eva Perón y del Juana Azurduy, que hace más de 10 años le debemos a nuestro mejor cliente, PDVSA de Venezuela, primera reserva petrolera del mundo. Al mismo tiempo sancionar las históricas leyes navales nacidas en el ARS: Transporte por Agua con Reserva de Carga y Fodinn –Fondo de Desarrollo de la Industria Naval Nacional– que a su vez permite ejecutar el Plan Naval Argentino, generando una demanda constante de barcos para recrear la flota nacional y así reactivar toda la industria naval y metalúrgica en general desarrollando una línea de proveedores pymes.

Además, existe la ley de Integración Territorial 26.776/2012 promulgada por CFK para concretar el Cruce Corto por Aguas Argentinas, entre Santa Cruz y Tierra del Fuego, que demanda la fabricación de dos buques porta rodantes, para los cuales también hay un fideicomiso de 100 millones de dólares creado por Axel Kicillof –decreto 1.423/2015– y la cotización oficial del Astillero Río Santiago a nombre del Foro Naval Hipólito Bouchard para fabricarlos.

Como se ve, trabajo y plan de reactivación hay, lo que falta es amor a la Patria y decisión política para realizarlos.



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