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Historia y realidad: volver a la línea nacional

En el ser argentino, el sentido trascendente de la vida humana es innegable. La solidaridad con el que sufre tiñe toda su actividad política. Por ellos, por los pobres, se obliga a triunfar. Por su Patria y por su Pueblo es capaz de jugarse a todo o nada si llegare la ocasión

Somos lo que hacemos. Entonces, para describir los lineamientos principales de nuestra identidad es fundamental hacer un análisis político de nuestra propia historia.

Un eje principal, innegablemente, es el anti-imperialismo, donde no existe un conflicto ideológico de izquierda-derecha, sino, claramente, uno de Patria sí-Colonia no.

San Martín, Rosas, Yrigoyen, Perón, comprendieron a tiempo que había que producir y que el capital extranjero era el enemigo principal de esa producción. Al Ejército de los Andes hubo que producirlo, no se podría haber comprado hecho. La producción nacional de muebles, sillas, cabestros, ponchos, frenos, estribos, tenía que ser protegida con una ley de Aduanas, y el mercado interno con La Vuelta de Obligado. Ingleses, holandeses y norteamericanos no permitían el desarrollo industrial de los argentinos, había que producir el petróleo, el kerosén, las naftas que los extranjeros negaban. La flota mercante, que se compró en el extranjero en un principio, cuando se pusiese vieja, debería renovarse con buques de producción nacional. Desde 1810 que el argentino sabe que debe producir lo que necesita para liberarse: <Plan de Operaciones<, Mariano Moreno, fábricas estatales de pólvora, fusiles y armas de Tucumán, Córdoba y Buenos aires.

Evidentemente, todos estos actos políticos son y fueron conflictos, pero sin ellos distinta sería nuestra Argentina. Sin el privilegio de lo propio ante lo ajeno, no existiríamos como país siquiera. La nacionalidad es nuestra primera y más grande unidad de territorio y población. Unidad que los mercados globales pretenden, necesitan, disolver para la libre circulación del capital, pero que el imperio marca con muros fronterizos y policía brava cuando la gente pretende hacer lo mismo. Doble moral que el progresismo denuncia como un derecho universal a ser europeo o norteamericano, sin desafiar jamás la explotación extramuros, periférica, que provoca tamaña presión migratoria hacia el centro.

Lo que explica a San Martín, Rosas, Yrigoyen, Perón, es la dignidad de ser argentinos. Defender el supremo interés de la Patria. Compartir un común destino con nuestro Pueblo. Abrazarse a ambos, y no soltar.

No habrá medias tintas para los argentinos en este siglo XXI que apenas comienza. Un gigantesco futuro se abre a nuestro protagonismo mañana, hoy, ya mismo.

San Martín en persona nos alienta desde las guerras de liberación, un humilde correntino de Yapeyú, que, según los maturrangos, firmaba sus documentos con mano negra, liberador de Argentina, Chile y Perú, sin apropiarse de ninguno de los tres.

Yrigoyen y Mosconi sostienen esa voluntad de Patria Grande con la industria estatal creando YPF en Argentina, Ancap en Uruguay, Petrobras en Brasil, Pemex en México, YPFB en Bolivia. Perón la extiende al terreno de la reivindicación de clase trabajadora con la Asociación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalizados, el Atlas, con sede en México.

Imaginémonos a San Martín frenando el armado del Ejército de los Andes porque en Buenos Aires se preparaba un carpetazo en su contra. Supongamos a Rosas anulando la Vuelta de Obligado porque no conviene malquistarse con Francia e Inglaterra, las dos potencias planetarias del momento. Figurémonos a Yrigoyen anulando la creación de YPF porque choca con gigantescos intereses de escala mundial. Pensemos a Perón parando la nacionalización de los ferrocarriles porque son propiedad privada de la Corona Británica…

En el ser argentino, el sentido trascendente de la vida humana es innegable. La solidaridad con el que sufre tiñe toda su actividad política. Por ellos, por los pobres, se obliga a triunfar. Por su Patria y por su Pueblo es capaz de jugarse a todo o nada si llegare la ocasión. Posee una inquebrantable voluntad de vencer.

El materialismo dialéctico empobrece el pensamiento. Está equivocado. José de San Martín pensó como lo hizo por tener imaginación mucho más allá de su entorno material y político, que lo contradecía en casi todas sus iniciativas. Juan Manuel de Rosas es un personaje incómodo de explicar para los historiadores, que pasan por él rápido y sin detalles porque resultó bastante más que un estanciero y matón. Hipólito Yrigoyen se adelantó a la Revolución Rusa y creó la primera petrolera estatal del mundo… ¿Cuáles fueron las condiciones materiales que lo hicieron pensar de esa tan original manera? Juan Domingo Perón, cómodo entre sus camaradas de armas y entre las bases obreras al mismo tiempo, profundiza la contradicción a favor de los pobres… ¿Condicionado por qué? ¿Por una Evita material?

Nuestra espiritualidad, sin ser material, es contundente, brota a cada instante de nuestras vidas. La pasión y el amor están más allá de todo cálculo material, no son un error de una ecuación costo-beneficio. Y cuando nuestro cuerpo se pudra, cuando solo seamos alimento para gusanos, algo quedará, algo seguirá viviendo. Y no será una herencia, ni literatura, serán nuestros actos.

Hoy, es una utopía creer que en el sistema capitalista pueden caber todos. Sin la desigualdad excluyente de las multitudes hambrientas de Asia, África, América y Oceanía, subidos todos al derroche y la depredación de los países centrales, el planeta no alcanzaría. ¨Por eso, no es posible depositar esperanzas de un nuevo orden mundial en imperialistas que persisten en su política. Son el problema, no la solución. De ahí que sea hora del pensamiento universal de equilibrio, el Pachakuti, diseñando en cada uno de los casos y contextos una política propia, para atender los sagrados intereses del Pueblo y la Patria a los que se pertenece.

Un San Martín liberador de tres Patrias, Yrigoyen y Mosconi desarrollando la industria del petróleo regional. Un Perón iconoclasta, que no paga derechos de autor, y aplica los planes quinquenales de la Rusia soviética, los cursos FPA (fundaciones políticas) de la Alemania derrotada, y que aspira para los argentinos, él, que era un tehuelche ejemplo de nuestro mestizaje, a la sabiduría de los griegos, el derecho de los romanos y la fe de los cristianos.

Para los argentinos, hay un nacionalismo vivo en formación, tan fresco como la Patria argentina y el Pueblo trabajador a los que pertenece, desde hace apenas dos siglos..
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