Le economía de Estados Unidos hoy
Ya iniciado el año 2013 la economía de Estados Unidos continúa bajo la lupa de los analistas internacionales. La salida definitiva de la crisis económica de finales de 2007 aún se mantiene como un desafío para la gestión del recientemente reelecto Barack Obama, librándose diversos frentes simultáneamente: el nivel de actividad y la recuperación del nivel de ocupación; el crecimiento de la Deuda Pública en relación al PIB, dando lugar a fervientes discusiones sobre la composición del Presupuesto y al llamado «Fiscal Cliff» o «Precipicio Fiscal»; la emisión monetaria y su impacto en el Nivel General de Precios.
Este artículo trata algunos de estos aspectos a fin de aproximar una visión panorámica de la situación económica actual de la todavía considerada Primer Potencia Mundial.
Nivel de Actividad Económica Pos-Crisis 2007
Siguiendo datos publicados por el Banco Mundial para la serie 2003-2011 (a precios constantes del año 2000), se observa que tras la caída del PIB del -0,4% y -3,5% en 2008 y 2009 respectivamente, el nivel de actividad mostró señales de recuperación a partir del año 2010 en el marco de las políticas expresadas en la «American Recovery and Reinvestment Act» (ARRA) firmada el 17 de Febrero de 2009. Aun así, no fue sino hasta el tercer trimestre de 2011 que el PBI alcanzó su nivel máximo previo, correspondiente al cuarto trimestre de 2007.
A su vez, el año 2012 mostró un incremento del nivel de actividad del 2,2% (superior al 1,8% logrado en 2011), el cual es explicado por el Bureau of Economic Analysis por una desaceleración de las importaciones de bienes de capital, y petróleo y derivados, un repunte del sector de vivienda residencial y de la inversión en inventarios, acompañado por una baja disminución del gasto público.
A pesar de estos datos alentadores, han sido necesarios tres años y medio para esta recuperación y frente a la disminución de las tasas de crecimiento en estos últimos años, las proyecciones del nivel de actividad se ven continuamente afectadas por los datos que los organismos oficiales revelan periódicamente. Al respecto, las últimas estimaciones revelan que se ha alcanzado en el último período una tasa de desempleo del 7,7%, manteniéndose una disminución desde el primer trimestre de 2010, explicada tanto por un aumento en los puestos de trabajo (destacándose el sector de la construcción) como por una disminución de las personas incluidas en la fuerza laboral.
Por su parte, la revisión del Economic World Outlook (EWO) del FMI para el año 2013 mantiene el pronóstico sobre el crecimiento de la economía estadounidense en un 2% anual, aunque destaca la importancia de no llevar adelante una fuerte «fiscal consolidation» (o ajuste fiscal) a muy corto plazo. Por lo tanto, el desempeño de la economía estadounidense dependerá en gran medida de las decisiones que se tomen desde el Congreso en lo relativo a este tema.
Precipicio Fiscal y la Emisión Monetaria
Las distintas opiniones sobre el “Fiscal Cliff” han abierto un fuerte debate en el cuerpo legislativo del gobierno de Estados Unidos. Si bien ambos partidos tienen el objetivo común de lograr una reducción del déficit público y la confección un programa para reducir la deuda pública a largo plazo, la posición del Partido Demócrata (con el Presidente Barack Obama como exponente principal) de mantener elevado el nivel de gasto público y aumentar la recaudación por medio del alza de las alícuotas tributarias a los sectores de poder adquisitivo más elevado recibió una fuerte oposición por parte del Partido Republicano, cuyos miembros sostienen la necesidad imperiosa de reducir el nivel del gasto para lograr una consolidación fiscal en el corto plazo (“fiscal consolidation”), especialmente recortando los programas de Medicare y Medicaid.
Estas discrepancias políticas han impedido llegar a un acuerdo para evitar los recortes fiscales automáticos que comenzaron a tener lugar gradualmente y por dos años, a partir del 1 de Marzo de 2013: sumando un total de 700 mil millones de dólares, alrededor de USD 500 mil millones corresponden a aumentos en las alícuotas impositivas (“Bush tax cut”, “2009 stimulus”, “payroll tax holiday”, “business tax cuts”, “ATM patch”) y USD 200 mil millones a reducción del gasto (“sequestration”, “unemployment insuarance”, Medicare Doc Fix”).
En cuanto al impacto que estos recortes han de tener sobre la economía de Estados Unidos es importante considerar que estos representan un 4% del PBI correspondiente al año 2012. Aunque los pronósticos arrojados sobre sus efectos son diversos, es evidente que el efecto buscado de consolidación fiscal mediante la reducción del déficit traerá aparejado mayores desafíos a la generación de puestos de trabajo, a los incrementos de los ingresos familiares y, vía reducción del nivel de actividad, a los ingresos fiscales, repercutiendo el mayor impacto en el corto plazo.
En este sentido, estudios del American Council of Capital Formation referidos únicamente a la supresión de las exenciones impositivas estiman una reducción del crecimiento promedio de un 1% anual entre el año 2013 y 2017, y del 0.2% entre 2013 y 2021. Por su parte, el gasto de consumo (del cual las familias representan dos tercios del total) se retraería en 1 billón de dólares anuales entre 2013 y 2021, mientras que el mercado laboral sufriría una destrucción de puestos de trabajo anual de 2,8 millones en el período 2013-2017, y de 1,4 millones anuales en el período 2012-2021. Por todo esto el efecto positivo buscado desde la consolidación fiscal podría llevar a Estados Unidos a una nueva recesión.
Pero estas estimaciones son sólo un reflejo del problema fundamental que enfrenta tanto la economía estadounidense, como los principales países desarrollados que hoy día tratan de sortear la crisis. En el afán por reducir los déficit públicos las medidas propuestas que versan entorno a la reducción del gasto y el aumento de los impuestos, o incluso una combinación de ambas medidas, parecieran no tener en cuenta los efectos negativos que ello traería sobre la recuperación y sobre la redistribución del ingreso. En épocas de crisis son los más vulnerables los que más sufren las políticas de ajuste, afectando principalmente a niños, ancianos y a quienes dependen de la ayuda del Estado para subsistir. Distintos informes señalan que más de 225 mil familias que viven en refugios pueden quedar sin amparo, debido al repentino cierre de los mismos, y la reducción de planes de atención nutricional afectará a millones de niños, ancianos, discapacitados y todos aquellos en extrema situación de pobreza.
Ante situaciones de crisis tan profundas como la que ha sufrido la economía mundial, es necesario esforzarnos una vez más por huir de los preconceptos, recurriendo a lo que la experiencia nos obliga a reconocer. Experiencias como la de países en vías de desarrollo permiten afirmar que no toda expansión del gasto que genere déficit fiscal es perjudicial para la economía, así como la idea de que la deuda pública empobrece a los habitantes del país que la soporta.
Por un lado, la deuda pública debería considerarse como una limitante para el desarrollo de un país principalmente cuando los acreedores tengan residencia en el extranjero, caso contrario lo que acontece en el momento del pago es una redistribución del ingreso desde los deudores hacia los acreedores, ambos residentes, por lo que el país no se empobrece, al menos en este primer momento. Por el otro, los datos refutan la teoría de corte netamente monetarista de que todo déficit financiado con emisión genera inflación, evidenciándose una muy baja correlación entre los programas de reactivación encarados desde el tesoro de los Estados Unidos y su tasa de inflación.
Si bien el efecto de generar un piso para los precios de los commodities no puede negarse, en un contexto de crisis mundial en que la mayoría de los países incrementaron notablemente su demanda de dólares como moneda de reserva, ha permitido a su emisor instrumentar políticas expansionistas sin mayor temor a generar una hiperinflación. Esto a su vez refleja la necesidad de considerar la situación de cada economía en particular a la hora de diseñar las políticas económicas: una variable de la que poco se suele hablar es la llamada “velocidad de circulación del dinero”, la cual está directamente relacionada con el nivel de actividad e inversamente con la emisión de dinero y el atesoramiento; en un contexto en que las personas han adquirido la costumbre de resguardarse aumentando los billetes que mantienen en su poder (atesoramiento), al tiempo que la economía estadounidense muestra algunas señales de recuperación, la emisión de dinero, lejos de generar inflación, resulta necesaria para mantener los agregados monetarios a niveles que permitan el fluido funcionamiento de la economía.
Reflexiones Finales
En estas breves líneas se presentaron algunas de las cuestiones que hacen al debate que hoy en día se está desarrollando en los Estados unidos, producto de la crisis económica de finales de 2007. Las distintas posiciones parecen repetir los argumentos que se escuchan en todo el mundo acerca de la pertinencia y eficacia de las políticas macroeconómicas en un contexto de crisis, pero en el fondo, la discusión principal se refiere a la política y a las prioridades acerca de la acción de cada uno de los gobiernos en el manejo de la cosa pública.
En los años posteriores a la crisis de 2008 la economía de Estados Unidos ha mostrado ciertas señales de recuperación, sostenidas sobre el apoyo del Estado por medio de diversos programas de estímulo. A pesar de esto, los niveles de confianza de los consumidores no han mostrado una clara recuperación, restando impulso al efecto multiplicador del gasto público, y absorbiendo con su atesoramiento gran parte de la sostenida emisión monetaria.
La importancia de la interacción existente entre las medidas públicas y el accionar de los agentes particulares queda evidenciada aquí una vez más. Es por este motivo que, mientras la capacidad política de las autoridades para acordar un decidido aporte a la recuperación se mantenga como un interrogante, las políticas de estímulo difícilmente logren aprovecharse en todo su potencial. La necesidad de una firme demostración de voluntad política, se ha tornado así en un elemento tan importante como la implementación de políticas de reactivación para alcanzar la anhelada meta de la salida de la crisis y el crecimiento sostenido.
Por Juan Pablo Cristiani
Grupo de Economía de la FPS