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Otra vez el péndulo

La Fundación Pueblos del Sur publicó un artículo en el diario  digital Redacción Rosario, haciendo foco en las medidas económicas tomadas por el actual gobierno y analizando las posibles repercusiones de las mismas.

Las primeras medidas económicas del gobierno de Macri, similares a las implementadas por el ministro Martínez de Hoz en la última dictadura, generaron incentivos concretos para que las empresas con mayor poder de mercado aumenten su capacidad de acumular riqueza.

El nuevo gobierno nacional, presidido por Mauricio Macri, está cumpliendo aceleradamente con su promesa de cambiar. Con las medidas aplicadas en estos primeros días de gestión, y en vista de la forma de ejercer la jefatura del Poder Ejecutivo nacional, los argentinos ya podemos confirmar con sobrados fundamentos qué clase de cambio es el que propone Cambiemos.

Todo indica que el péndulo (metáfora que los argentinos usamos para criticar nuestro histórico eclecticismo) está nuevamente en movimiento hacia un extremo que muy poco tiene de nuevo y que seguramente no logrará la prometida unidad.

En rigor, las primeras medidas adoptadas por el nuevo gobierno provocaron una fuerte redistribución de la riqueza nacional, y generaron incentivos concretos para que las empresas con mayor poder de mercado aumenten su capacidad de acumular riqueza (todo ello en lógica sintonía con las promesas de campaña y las recomendaciones de sus voceros).

Con años de prédica sobre los maléficos efectos del denominado “cepo cambiario”, el levantamiento de algunas de las principales regulaciones sobre el mercado de divisas, aparece como un gran éxito del gabinete económico actual, que disimula la cuantiosa riqueza extraordinaria que en 24 horas puso en manos de un reducido grupo de empresarios y productores. Mientras muchos aplauden un dólar a “sólo” 14 pesos, otros festejan una ganancia extraordinaria que, entre devaluación y quita de retenciones, se estima en aproximadamente 65 mil millones de pesos, y la vía libre para fugar divisas.

Es interesante analizar la similitud que tienen las medidas macristas con la política económica implementada por el ministro José Alfredo Martínez de Hoz durante el proceso cívico militar iniciado en 1976. En aquel entonces se produjo un cambio estructural en el proceso de acumulación de capital (es decir, la forma de ganar dinero) y una fuerte redistribución de la riqueza nacional hacia los sectores más concentrados, en detrimento de las grandes mayorías populares.

En efecto, el campo y las finanzas fueron los grandes ganadores, a los que debemos sumar un reducido grupo de empresas que, gracias a la patria contratista y a los favores del gobierno de facto, se transformaron en grandes conglomerados industriales, muchos de los cuales son los actuales monopolios y oligopolios del país que fijan precios y determinan la oferta nacional de productos clave. Los perdedores fueron los asalariados y la pequeña y mediana industria nacional, pero en rigor, todo el mercado interno, ya que el país perdió capacidad industrial aumentando la dependencia externa y generando un endeudamiento externo que significó un verdadero “cepo” a la toma de decisiones autónomas en términos de los intereses nacionales.

Cierto es que durante los primeros meses de gestión del ministro Martínez de Hoz se logró cierta estabilidad cambiaria, la reducción del índice inflacionario y un incremento considerable del PBI. Pero mientras el gobierno tomaba estos indicadores como parte de una política exitosa, se destruía la clase media, se cerraban industrias y se perdían puestos de trabajo, sin mencionar lo que ocurría con la vida política del país.

En el fondo, la economía de la dictadura fue una herramienta clave en el proceso de cambio que se había propuesto y que un sector de la ciudadanía apoyó con un silencio cómplice, a pesar de sus “efectos colaterales”. En ese período, no sólo hubo destrucción de empleo, especulación financiera y endeudamiento externo fraudulento, sino que además se desarticuló el entramado político mediante el cual los sectores nacionales podían participar de las decisiones que afectaban sus intereses y los de todo el país. Se transformó nociva y violentamente la vida política de la Argentina, callando voces, desanimando la participación y negando la existencia del otro por ser distinto (¿militante?).

Sin entrar en consideración acerca de los argumentos (que siempre están, tengan o no fundamento), el gobierno de Mauricio Macri pareciera querer seguir una senda de alarmante similitud con el mencionado período histórico. Ya no hay que esperar más tiempo para reconocer a los grandes ganadores (el agro, los exportadores y el sector financiero), y no faltará mucho para que el efecto sobre los sectores perdedores se evidencie con el deterioro del salario real, el aumento en la tasa de desempleo y la primarización de la industria nacional.

En apenas un mes de gestión, el gobierno macrista ya mostró sus cartas. Desde la integración de su gabinete, hasta las medidas implementadas, pasando por las formas en que está tomando las decisiones y el efecto de sus políticas, los argentinos podemos presagiar hacia dónde se pretende conducir el Estado nacional.

Sin embargo, los argentinos hemos aprendido que no estamos condenados a repetir nuestros errores del pasado. Respetando el camino de la institucionalidad y en total armonía con las leyes, la democracia social a la que aspiramos nos exhorta a tomar partido de la realidad asumiendo la responsabilidad que nos toca a cada uno en la construcción de una comunidad organizada para y por el bien de todos sus integrantes.

Link de la nota:

http://www.redaccionrosario.com/nuevo/2016/01/16/otra-vez-el-pendulo/



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